Apocoloquintosis
?Le anunció a Júpiter que había llegado al cielo un fulano de buena lestatura, bastante encarecido, que aquél amenazaba vaya a saberse a quién, pues movía incesantemente la cabeza; y que arrastraba el pie derecho; que se lo interrogó sobre cuál era su patria y que respondió no sé qué de sonido incoherente con voz confusa. No pudo reconocerse su lengua, pero ni era griega, ni romana, ni conocida por pueblo alguno. Entonces, Júpiter le ordenó a Hércules, que había viajado por todo el mundo y pa- recía haber conocido todas las naciones, que fuera e indagara de dónde venía de entre los hombres. Hércules quedó bastante perturbado al verlo por primera vez, como quien todavía no ha temido a monstruo alguno. Cuando vio su aspecto, de una especie novedosa; su insólito modo de caminar; su voz, que no pertenecía a ningún animal terrestre sino que era como suele ser la de los monstruos de las profundidades marinas, ronca e inarticulada; creyó que se le venía encima el decimotercer trabajo. [cap. V] Hacemos libros que perduran en el tiempo.
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